A los 18 años recibe el sacramento
de la Confirmación y se hace habitual en ella la
Misa diaria. Un poco más tarde su confesor le permite la
comunión diaria, algo poco frecuente en esa época.
Fruto de la Confirmación es también la decisión
de Paulina de consagrar su vida entera al servicio
de Dios.
Cuando su padre se retira del servicio estatal y
se instala con su familia en Paderborn, prosigue Paulina
su actividad caritativa. Invita y entusiasma a señoras y
jóvenes a colaborar en el cuidado de enfermos pobres; pero
ante todo le parece necesaria la educación e instrucción
de los niños pobres. Funda para ellos una guardería
y acoge niños ciegos para cuidarlos e instruirlos. Impulsada
por la fuerza de la gracia, organiza la Liga Femenina para el cuidado
de los enfermos pobres. Luego funda un jardín de infantes
para atender a los niños de las madres que deben trabajar
fuera de su hogar para ganar el sustento diario de la familia. La
fundación de este kindergarten en 1840 fue
una idea novedosa y de avanzada para proteger y dar un ambiente
de contención y afecto a estos niños que no podían
ser cuidados por sus madres.
Llega hasta las chozas de los pobres para aliviar
sus miserias; los ayuda, consuela, exhorta y ora con los enfermos,
sin temer ni la suciedad ni los contagios, sino por el contrario,
lo afronta todo con una sonrisa dedicando gran parte de su vida
en un incansable servicio en favor de los que sufren. "Nunca
he encontrado a una persona como ella; es difícil describir
la imagen tan atrayente y emotiva de su vivir en Dios" escribe
en una carta su prima Bertha von Hartmann.
En 1842, poco después de la muerte del señor
von Mallinckrodt, le confían a Paulina el
cuidado de unos niños ciegos muy pobres. Ella los atiende
con la exquisita afabilidad que la caracteriza. Y como Dios sabe
guiar todo según sus planes, son los niños ciegos
los que darán origen a la Congregación, porque a Paulina
la admiten en distintas congregaciones religiosas pero no así
a los ciegos.
Paulina pide una vez más
consejo a Monseñor Antonio Claessen quien, después
de escucharla atentamente y de hacer mucha oración, le hace
ver que ella está llamada por Dios a fundar una Congregación.
Y obtenida la aprobación del Obispo de Paderborn Monseñor
Francisco Drepper, el 21 de agosto de 1849 funda la Congregación
de las Hermanas de la Caridad Cristiana, Hijas de la Bienaventurada
Virgen María de la Inmaculada Concepción con tres
compañeras más. Pronto se abren otros campos de actividad:
hogares para niños y escuelas.
Bendecida
por la Iglesia, la Congregación florece y se extiende rápidamente
en Alemania; pero como toda obra grata a Dios, debe ser probada
por el sufrimiento; la prueba no tarda en llegar. El Canciller von
Bismark emprende en 1871 una dura lucha contra la Iglesia católica.
Una tras otra ve la Madre Paulina cómo se
van cerrando y expropiando las casas de la Congregación en
Alemania. Con su profundo espíritu de fe la Madre
Paulina ve la mano de Dios en esta persecución religiosa.
Las casas de la joven Congregación fueron confiscadas, las
Hermanas expulsadas, la fundación parecía llegar a
su fin. Pero justamente así produjo frutos, se extendió
por Estados Unidos y América Latina.
En
la misma época de las persecuciones en Alemania llegan muchos
pedidos de Hermanas desde Estados Unidos y Sudamérica para
enseñar a los niños inmigrantes alemanes. Paulina
respondió enviando pequeños grupos de Hermanas a Nueva
Orleans en 1873. En los siguientes meses se enviaron más
grupos de Religiosas a los Estados Unidos y ella misma hizo dos
largos viajes a América para constatar en persona las necesidades
del Nuevo Mundo, donde fundó al poco tiempo una Casa Madre
en Wilkesbarre, Pennsylvania. Desde entonces las Hermanas abrieron
además casas en las arquidiócesis de Baltimore, Chicago,
Cincinnati, New York, Philadelphia, St. Louis, y St. Paul, y en
la diócesis de Albany, Belleville, Brooklyn, Detroit, Harrisburg,
Newark, Sioux City y Syracuse.
En
noviembre de 1874 arriban las primeras religiosas a la diócesis
de Ancud, en Chile, solicitadas por Monseñor Francisco de
Paula Solar. De allí partirían unos años más
tarde hacia el Río de la Plata, en 1883 a Melo, Uruguay,
y en 1905, a Buenos Aires, Argentina.
A fines
de década de 1870 la persecución religiosa terminó
en Alemania y las Hermanas pudieron volver desde Bélgica
a su patria donde prosiguieron con su obra. La Comunidad había
crecido en integrantes y en misiones durante los años de
persecución. La Madre Paulina volvió
a Paderborn después de su viaje a América en 1880.
A los pocos meses la Madre Paulina enfermó
gravemente de neumonía y murió el 30 de abril de 1881.
El
14 de abril de 1985 fue beatificada por su Santidad Juan Pablo II.