Home
El Colegio
Educación
Actividades
 
   
 

 

 
 

“Es una gracia muy grande que Dios se digne llamarnos
para trabajar en la extensión de su reino”.
Beata Paulina von Mallinckrodt

Durante la primera semana de las vacaciones de invierno un grupo de alumnas y exalumnas, acompañadas por la familia Balbín, Ana Piñeyro, Andrea Pontiggia, el matrimonio Correa Luna y las Hermanas María Graciela, María de la Cruz, Marisol y María Luisa, estuvimos misionando en Navarro, Provincia de Buenos Aires. Nos alojamos en el Jardín de Infantes N° 905, donde nos recibieron con mucho cariño.

Éramos un grupo numeroso, lo que nos ayudó a la hora de repartirnos las tareas propias de toda misión: las visitas a las casas durante la mañana, y las actividades con los chicos, adultos y jóvenes durante la tarde. Visitamos también el asilo de ancianos “Hogar María Inmaculada”, y compartimos momentos de oración, cantos y charlas con los abuelos y abuelas que viven allí.

Nuestro día empezaba con un momento de oración grupal, en el que reflexionábamos sobre el Evangelio del día. Este fue un momento privilegiado en la misión en el cual nos llenamos de Jesús para poder llevarlo a nuestros hermanos. Luego salíamos a visitar las casas y el hogar. Después del almuerzo nos preparábamos para recibir a los chicos, que llegaban a las 15: 00 hs. Navarro es una ciudad muy grande, y eran alrededor de 250 chicos que venían cada día al Jardín para las actividades que teníamos preparadas para ellos.

La catequesis comenzaba con una representación sobre el Evangelio. Las misioneras actuaban y explicaban el texto del Evangelio. Luego se dividían los chicos en distintos grupos, y profundizaban el tema con actividades acordes a las edades de los chicos. A las 17:00hs. se les servía el chocolate caliente y las galletitas que con tanta generosidad nos acercaron al Colegio. La disponibilidad incansable de las misioneras, y de las exalumnas servidoras fue un ejemplo de servicio y entrega.

La Misión es siempre una experiencia profunda, una experiencia de Dios. El compartir nuestra fe nos enriquece; es dando, dándonos, que recibimos. Durante la semana de Misión, Dios se nos manifiesta de muchas maneras: en el rostro de los chiquitos, en la charla con algún anciano, en el encuentro con los jóvenes, en el compartir entre misioneros, en los momentos de oración. Uno experimenta un hondo agradecimiento a Dios por todo lo que Él nos regala día a día. La Misión nos ayuda a descubrir a Cristo en el hermano que nos rodea, en nuestro prójimo, y esto nos mueve a vivir de otra manera. Al volver a Buenos Aires, a nuestra vida cotidiana, el desafío es seguir misionando, anunciando el Evangelio, no sólo con nuestras palabras, sino también con el testimonio de nuestras vidas.

Queremos agradecer especialmente a todos los que nos han ayudado. Gracias sobre todo, por su cercanía en la oración. Que la Virgen María, Nuestra Señora de la Evangelización, nos ayude en nuestra diaria misión aquí en Buenos Aires. Que, a ejemplo de la Madre Paulina, podamos ser luz para quienes nos rodean.

Hna. Ma. Luisa