| El
milagro atribuido a la Madre Paulina
El día
se presentaba frío y encapotado en Roma el 14 de Abril de
1985, pero la multitud de 4000 peregrinos estaba emocionada y animada,
con la calidez, con la calidez y el brillo de su propia alegría
y felicidad. Por encima de sus cabezas, sonaban las vigorosas campanas
de San Pedro. ¡Replicaban interminablemente, exultantes y
ensordecedoras!. Parecían estar convocando al mundo entero
a presenciar aquel glorioso acontecimiento. ¡ El aire estaba
eléctrico de júbilo!. Porque allí, durante
una Misa celebrada al aire libre, frente a la mayor catedral del
mundo cristiano, la Madre Paulina von Mallinckrodt y la Madre Caterina
Troiani fueron públicamente declaradas Beatas por el Papa
Juan Pablo II.
La Madre Paulina
había muerto el 30 de abril de 1881, y había sido
sepultada en la cripta de la Capilla de San Conrado en Paterborn.
La pusieron en el mismo lugar que ella había dado temporalmente
al cuerpo del Obispo Conrad Martin.
Debido a que
las Hermanas siempre estuvieron convencidas de su santidad, lograron
que se llevara a cabo el largo proceso de investigación para
la beatificación que había comenzado el día
1º de mayo de 1926. Continuó durante 1938, 1942, 1958,
1961, a medida que personas expertas estudiaban todos sus trabajos
escritos, su práctica de la virtud, y entrevistaban a personas
que la habían conocido.
Posteriormente
pasaron al estudio de su respuesta a la oración, particularmente
el milagro, obrado a través de su intercesión, sobre
una de sus queridas Hermanas en 1955. Fue su tarea ver si era auténtico,
instantáneo y duradero. Esta es la historia que escucharon.
La Hermana Cristófora
Ostermann era una joven y feliz Hermana de la Caridad Cristiana,
que había contraído esclerosis múltiple. La
enfermedad avanzó tanto que el 13 de mayo de 1955, con las
piernas paralizadas, fue trasladada en ambulancia desde Paterborn
al hogar para enfermos que las Hermanas tienen en Wiedenbrück,
para morir. Estaba desahuciada.
A pesar de esto,
todas las Hermanas de la Provincia Alemana, y la misma Hermana Cristófora
rezaron con gran confianza a la Madre Paulina para lograr la recuperación.
En una semana
la Hermana Cristófora cumpliría 29 años. Dios
mediante, para ese entonces El la habría curado por medio
de la Madre Paulina.
El día
después de su llegada a aquel lugar, la Hermana Cristófora
estuvo intentando tomar su Nuevo Testamento. Lo necesitaba para
hallar valor e inspiración. Pero su enfermedad dificultaba
tal movimiento. Lo hizo después de un verdadero esfuerzo,
y ella estaba muy débil. A las 2:30 había abierto
el libro pero tuvo que poner toda su energía en leer porque
sus ojos estaban también afectados.
Lentamente encontró
el lugar. Era Marcos, capítulo 11, versículos 22-26.
Jesús les dijo: “Pongan su confianza en Dios”.
La Hermana Cristófora
tuvo una clara sensación, como si esas palabras hubieran
estado dirigidas a ella. Continuó leyendo:
“Os aseguro
que quien dijere a ese monte: Quítate de ahí y arrójate
al mar, y no titubeare en su corazón, sino creyere que lo
que dice se hace, lo alcanzará. Por eso os digo: Todo cuanto
pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis
y lo tendréis. Y cuando os pongáis a orar; perdonad,
si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro
Padre que está en los cielos os perdone vuestros pecados”.
Luego, la Hermana
oró ,tratando de seguir las palabras que acababa de leer.
* Señor,
tu eres el mismo hoy que entonces. Tus palabras fueron verdaderas
no sólo para los discípulos sino que también
lo son hoy. Dame la fe que necesito.
Volvió
a seguir leyendo. Volvió a rezar.
- Señor,
estas son tus palabras. Sí, creo.
Luego fijó
los ojos en las palabras “perdonad, si tenéis algo
contra alguien”, perdonó a todos de corazón,
llamó a la Madre Paulina ,una y otra vez.
Las palabras
de la Madre Paulina: “Dios se deja vencer por la oración”
continuaban sonando en su mente, junto con dos palabras especiales
que había pronunciado el Obispo Baumann, ya fallecido. El
había hablado de “fe temeraria”, y en eso pensaba
ella constatemente.
Una y otra vez
repetía: “Sí, creo”
De pronto, se
sentó erguida. Le urgía caminar. Sabía que
podía caminar . Salió de la cama y dio unos tres pasos
hacia la ventana..todo por sí misma. Luego recordó
que se le había dicho, que no se levantara sola, así
que volvió a la cama y continuó rezando.
Rogó
a Nuestra Señora que le pidiera a su Hijo diera esta alegría
a la Madre Paulina, y puso todo en sus manos.
* Por favor
Madre María, manda una Hermana a mi habitación a las
3 hs.
A las 2:55
se oyó un golpecito en la puerta. La Hermana Julieta abrió
silenciosamente.
- sólo
quería ver si hay algo que pueda hacer por usted, Hermana
Cristófara,- le dijo.
Para sorpresa
suya, la paciente le respondió contenta:-Hermana Julieta,
por favor llame a la enfermera. Quiero levantarme. Sé que
puedo levantarme.
La Hermana Julieta
la miró asustada, pero guardó silencio. Salió
rápidamente y al cabo de unos minutos la enfermera, Hermana
Quiriona, estaba junto a la cama. Cuando escuchó la solicitud
de la Hermana Cristófara, en primer lugar pensó que
la enfermedad le había afectado el cerebro. Pero finalmente,
cedió.
La Hermana Cristófara
estaba muy débil por su larga enfermedad, pero, con ayuda
de la enfermera, caminó a uno y otro lado de la habitación.
La Hermana Quiriona
miró detenidamente las piernas de la Hermana. Ya no había
temblores ni convulsiones, su color era normal, ¡y la parálisis
había desaparecido por completo! ¡La Hermana Critóforo
estaba curada!
Pronto vino
la Hermana Belina, que era la superiora. La Hermana Quiriona le
mostró lo que había sucedido. Ambas se dieron cuenta
que algo extraordinario había acontecido.
Entonces, la
Hermana Cristófora fue a la capilla con la superiora y la
enfermera, y las tres dieron gracias a Dios por su bondad y su misericordia.
De alli fueron
a telefonear a la reverenda Madre Matilde (la segunda) en Paterborn
y le contaron la sorprendente noticis.
El sólo
hecho de oir a la Hermana Cristófora, en persona, contar
la historia por teléfono asombró a la Reverenda Madre.
Al otro día
domingo, la Hermana Cristófora asistió a la Santa
Misa, y, de tarde, a la Bendición. No se sintió cansada,
ni tuvo dolor alguno. Hoy, 31 años después, está
aún muy activa en el departamento de tejido del Hogar de
Ciegos en Paderborn.
A muchos de
los peregrinos que asistieron a la beatificación les tomó
medidas para confeccionar sweters; y ellos quedaron admirados al
conocerla.
El milagro de
su curación fue examinado y comprobado por 3 comités
separados, integrados por médicos, teólogos y cardenales.
Los 7 médicos unánimemente dieron fe de la autenticidad
de la curación después de examinar todas las pruebas.
A su vez, los teólogos y cardenales también la aceptaron.
Finalmente el Papa Juan Pablo II la aceptó.
Cuando en Roma
le fue presentada la Hermana Cristófora, él le dirigió
una maravillosa sonrisa. Sí, la Hemana Cristófora
fue curada en forma instantánea mediante la intercesión
de la Madre Paulina. No cabe duda que Paulina von Mallinckrodt está
en el cielo.
Fue así
que aquel encapotado y ventoso día de abril, la impresionante
procesión de sacerdotes, obispos y el Santo Padre llegaron
al alta al aire libre, a las puertas de la basílica de San
Pedro, para comenzar la Santa Misa.
Solemne y gozosamente,
el coro especial de San Pedro denominado schola, a cuatro voces,
compartió alternativamente con los peregrinos los cánticos
de la conocida Misa de los Ángeles.
Después
del Kyrie (Señor, ten piedad), el Arzobispo Degenhart, de
Padeborn, y el Obispo Cella, de Frentino, por separado, solicitaron
a nuestro Santo Padre proclamara la beatificación de Paulina
von Mallinckrodt y de Caterina Troiani.
Fuente: “La
mujer que nadie pudo detener”
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